Por: Juan Carlos Monedero
El loco, decía Lacán,
no es el desequilibrado mental que se cree rey, sino el rey que se cree rey.
Ser rey en 2013 es como usar un calcetín para no preñar, creer que la luz
eléctrica la enciende el diablo o darse con un látigo de cinco puntas en la
espalda para que los pecados se blanqueen.

(España). Por eso las coronaciones o los matrimonios reales
necesitan ser tan efectistas: tienen que compensar con oropel y maneras
antiguas lo increíble del asunto. ¿Te acuerdas, Felipe, de tu boda y todo aquel
gasto descomunal? Los reyes, además, tienen que llenar de brumas su pasado,
para que no aparezca un puñal, un veneno, una traición, un matrimonio de
conveniencia, un soborno, una matazón de campesinos. ¿Quién fue el primero de
la saga? Reyes, dinastías, príncipes herederos, argumentos legitimistas… Pudo
ser o no. Los borbones son un accidente. Viendo la historia, un desafortunado
accidente. No es que los Habsburgo, vulgo Austrias, fueran mejores. Ni mucho
menos. Pero los de la flor de lis, quizá por la cercanía, vienen frenando lo
inteligente en la historia reciente desde, cuando menos, la Revolución Francesa.
De Fernando VII, ni hablamos.
No queremos que seas rey, Felipe. Ya no son tiempos. Tu
bisabuelo entendió que este pueblo ya no lo quería. Se marchó. Si se hubiera
quedado, lo hubieran encarcelado. Pese a los intentos de la derecha de
exonerarle de toda culpa. Tu padre, tú mismo, soy millonarios gracias al dinero
heredado. (Lo de tu hermana se está discutiendo en sede judicial). Por decirlo
amable. No heredáis solamente el derecho de convertirnos en súbditos. Siempre
heredáis mucho dinero. Y luego lo sabéis mover muy bien. Por decirlo amable.
Los republicanos somos amables. Sabemos que el futuro, de no mediar un
apocalipsis nuclear, será republicano. Si hay catástrofe, habrá reyes. Otra
razón para no quereros reinando. Nos da mal fario.